De nuevo aparezco escapándome del presente,

estando sin estar en todos los hechos que me suceden,

mi cuerpo y mi mente no se corresponden,

se queda el uno y la otra va donde quiere,

siempre en otro sitio, en otro momento,

ese es el ruido que habita en mi pensamiento.

 

Conglomerados de espesos hilos del pasado,

aturden el nuevo nudo en forma de cansancio,

imágenes secretas y acciones esparcidas,

intentan renacer estando más muertas que vivas,

extravíos y ensoñaciones empañan cada paso dado,

el laberinto del ayer me devuelve lo malos hábitos,

impidiéndome avanzar y dejar atrás lo atrasado,

las dudas, los fracasos, las decepciones,

todos ellos lastres unidos por el mismo cabo,

el instante se desvanece sin apenas haberlo degustado,

deseando después que vuelva cuan tardío letargo,

repitiéndose de nuevo el ciclo de la eterna añoranza,

las vivencias que vienen cada vez más rápidas se pasan,

sino las interiorizo cuando me de cuenta ya no quedará nada.

 

Por eso tengo que aprender a vivir en el aquí

y a quedarme solamente en el ahora,

a sentir lo que siento sin sentir otra cosa,

a ser uno con lo que me está aconteciendo,

a no dejar que el instante se evapore sin captarlo dentro.

 

Por eso tengo que aprender a  vivir no sólo de recuerdos,

a dejar pasar  lo de antaño para reconocer a lo nuevo,

a abrir mis ojos a lo que mi vida me pone por delante,

a responder de una vez por todas a mi eterna interrogante.

 

¿Cómo  puede uno escapar de este continuo círculo,

el cual hace que mis días sean una corriente de rutinas,

repitiéndose los hechos en mayor medida,

y debilitando mi capacidad para encontrar nuevas salidas?.

 

¿Cómo puede uno expandir el camino que comienza,

absorbiendo como nuevas todas las experiencias,

si llega un punto en el que lo que importa no retorna,

y mis únicas cadenas son las sombras a las que yo doy forma?

 

Cerrando los ojos no estaba muy lejana la solución,

si sé que mis pasos me arrastran y mis ilusiones me llevan,

si sé que mis fuerzas se juntan y mi voluntad no me deja,

si sé que no hay más camino que el que yo me imagino,

entonces, deseo, agradezco y aprovecho este destino.

Si sé que en cada segundo soy yo el que se forma,

que la marea de la vida al final es quien me guía,

que mi mejor recorrido es el contrario al de la mayoría,

entonces no me importará saber a donde voy,

no me importarán los seres estridentes de sonidos,

ni las falsas fachadas que te prometen el mejor abrigo,

porque sé que siempre tendré a mi mejor compañía,

porque daré todo lo que tengo en el día de hoy,

y me repetiré y repetiré hasta que se me perfore mi voz ,

¡quiero ser quien soy y quiero estar en donde estoy!.

 

Alfredo Cuervo Barrero ©