Hay ciertos autores a los que no nos basta con leerlos, tenemos que sentirlos y absorberlos, ésta es para mí la primera cualidad que ha de tener un escritor para hacer que su obra me atraiga; tener la suficiente capacidad para henchir de significado y de naturalidad a sus palabras que leyéndolo parezca que tenga a alguien a mi lado. La cercanía del autor y su capacidad para reflejar su interior de una forma espontánea es lo que me declina a la hora de elegirlo y seguir con él mi camino o apartarlo para dejar que siga él con el suyo.

Entre las diversas lecturas que uno puede acometer, la que me golpea en los ojos y me hace cuestionar mis actos es sin duda mi predilecta. Afortunadamente hace tiempo que sigo a unos pocos elegidos en los que he encontrado esta facultad, seres que fueron capaces de plasmar sus ideas y pensamientos en tinta de tal forma que mis ideales han encontrado en ellos un bálsamo donde poder fortalecerse y expandirse sin temor alguno. Creo que es muy importante que lo que leamos en serio a lo largo de nuestra existencia siga un mismo rumbo, que vayamos de autor en autor porque nuestros momentos vitales nos han llevado a ellos, que cuando empecemos a recordar el sentido que han tenido en nuestra vida nos surja la pregunta de si hemos sido nosotros quienes los hemos elegido o han sido ellos quienes nos han elegido a nosotros. Si en cada etapa de nuestra vida no nos han de faltar nuestros mejores amigos de la misma forma no nos han de faltar nuestros mejores autores, y pienso que si los primeros no deben superar en número a los dedos de nuestra mano el mismo tratamiento deberíamos dar a los segundos.

Cierta vez moldeé un aforismo en el que me obligaba a cumplir una promesa, no escribir nada que una vez escrito no me hiciera ser distinto a lo que era antes de escribirlo, presupongo que tan o más importante es hacerse la misma promesa con la otra cara de la moneda, no perder el tiempo leyendo textos que no me afectan en absoluto, que no guardan relación con mi vida, que no mejoran ni estimulan mi día a día es un dogma que deduzco que hay que empezar a interiorizar, sino es así, al final, el leer por leer, por pasar el tiempo, el leer de todo y a muchos cansa, tantas ideas diversas, tantas palabras ajenas, tantas experiencias desiguales ... al final siempre nos bañamos en una pequeña porción del mar, hay que saber elegir la zona en la que más a gusto nos encontremos, algunos preferirán las zonas cristalinas para ver mejor las profundidades, otros preferirán bañarse en aguas opacas para no ver lo que tienen debajo, algunos preferirán mar adentro donde puedan bañarse a solas, otros al lado de la orilla donde puedan estar rodeados de gente, otros preferirán bañarse en aguas frías, otros en aguas cálidas, ¿dónde prefieres tú?.