No me quiero parecer a vosotros, me refiero a los que sólo tenéis de padres las seis letras que conforman esta palabra, yo os llamo los antipadres, los dependientes, representáis todo lo que yo no quiero ser. 

Dependéis continuamente de terceros para que vuestros bebés sean cuidados, dependéis continuamente de terceros para llevar y recoger a vuestros niños del colegio, para que les den de comer en comedores, para que pasen las tardes en las extraescolares, para que os los den de cenar y os los duerman por las noches, todo el mundo educa a vuestros hijos menos vosotros mismos, todo el mundo pasa su tiempo con vuestros hijos menos vosotros mismos. 

Queréis inculcarles vuestros mismos hobbies para que vosotros mismos no perdáis esos hobbies, queréis llevar la misma vida que llevabais antes de ser “padres” haciendo que sea el niño el que cambie para amoldarse a vuestras necesidades, a vuestras tareas, a vuestras metas, tenéis tiempo para todo y para todos menos para vuestros hijos.

Los demás pagan y cobran vuestras inseguridades, vuestro egoísmo, vuestros miedos, traéis a este mundo a seres que desde el primer día están pasando de mano en mano, están oyendo cientos de voces distintas, viendo cientos de reacciones y actitudes distintas, lo que manda el padre lo contradice el abuelo, lo que enseña el profesor lo trastoca el cuidador, están continuamente viviendo en una contradicción, les estáis negando los más valioso para ellos en estos primeros años de vida.

No necesitan tantos juguetes con los que compráis su cariño, no necesitan estar siempre ocupados para que vosotros podáis estar más liberados, no necesitan limosnas de cariños y arrumacos con los que disfrazáis vuestro hartazgo, necesitan vuestra experiencia, necesitan vuestras miradas y sonrisas, necesitan vivencias con vosotros, en definitiva necesitan eso que tan rápido se pasa y que tanto se desperdicia: vuestra compañía.