La primera vez que lloraste hijo fue nada más nacer, aún sin ver ya notaste que algo extraño sucedía a tu alrededor, me imagino que nacer no es fácil, de estar tranquilo flotando dentro del líquido amniótico, de estar acostumbrado a una temperatura, a una presión, a un espacio, de repente todo cambia, de repente la vida te obliga a hacer tu primer esfuerzo y tu respuesta ante esta obligación es el llanto, es tu primera forma de expresarte, de desahogarte, de quejarte por el cambio producido. La naturaleza hace bien su trabajo y este primer lloro provoca en mí y en tu madre un sentimiento de protección, oír cómo llora por primera vez un bebé es realmente la primera experiencia que tenemos como padres y reaccionamos a tus lágrimas queriendo calmarte, abrazarte, protegerte. No sé si estos sentimientos hacen efecto a la hora de consolarte o cesas tu llanto simplemente por cansancio; de estar en paz dentro de tu madre pasas en pocos minutos a sentir tensión, a sentir la gravedad, la diferencia de temperatura, el tacto de las manos sobre tu piel, a sentir las voces sin disiparse, a sentir la luz en tus pupilas, demasiadas novedades para un cuerpo tan pequeño y sólo a través del llanto encuentras una vía de escape. 

La segunda vez que lloraste fue a los pocos minutos de tomar tu primera leche, el calostro inicial pone en funcionamiento tu aparato digestivo y de nuevo me imagino el malestar interno que debes sentir, tras saciarte viene la digestión, tarea que no debe ser fácil para tus órganos aún en formación, lloras y poco podemos hacer para calmarte, ante un dolor físico poco efecto hacen las caricias, los susurros o los balanceos, es tu primera toma de contacto con el dolor y hasta que no se relajen tus órganos no te calmarás; dolor físico, es lo que une a estos dos primeros llantos, dolores que variarán de intensidad según pasen los días y en función de ellos tendrás un llanto u otro. 

Con el paso del tiempo llorarás por diversas causas: llorarás por tener sueño, por tener hambre, por estar cansado, llorarás por las irritaciones, porque te despiertas, porque tienes frío o calor, porque te empiezan a salir los dientes, llorarás porque te aburres, porque te asustas, porque sientes la fiebre, llorarás porque sí y porque no y yo como padre tengo que aprender a convivir con ese llanto, tengo que aprender a tratarlo y a reaccionar en consecuencia. También tú vas a aprender a usarlo, te vas a fijar en cómo reacciono y empezarás a desarrollar con ello tus primeras habilidades, si acudo siempre rápido a atenderte te acostumbrarás a ello y aprenderás a usar el llanto como reclamo de atención, por eso tengo que aprender a no abusar de esa “rapidez”, aunque me cueste, tengo que dejarte también a veces a solas con él y que lo soportes, si no hay ningún indicio de que algo va mal, dejar que aprendas tú a tratarlo, que lo conozcas, que no te sea extraño. 

Al principio llorarás sin parar, es tu lenguaje, si no me presento delante de ti cuando lo “hables” más fuerte gritarás, y sólo pararás cuando acabes exhausto, lo harás una, dos, tres, diez… cien veces, pero mi intención es conseguir que el llanto no sea dueño de ti, enseñarte a llorar ha de ser una de mis primeras lecciones como padre: egoísmo, narcisismo, dependencia, caprichonería… consecuencias hijo de que te enseñe o no a tiempo esa lección.