A- Parece que tu mente estos días está ocupada y centrada en el recuerdo de una sola persona, te veo un poco nublado y absorto en todas las cosas que haces, no las estás viviendo, no las estás interiorizando, las estás dejando pasar mientras la vida se pone delante de ti, apartas la mirada hacia tus recuerdos aunque estos te obliguen a sentirte incómodo, ¡ hasta tal punto te llega a pesar la fuerza de esas cadenas y la atracción de esos momentos que ya han pasado!, sólo que... ¿no crees que ya es hora de tratarlos como lo que son y no sustituir al presente por las imágenes que tienes en tu mente?

B- No me seas tan exigente, deja de vez en cuando que me evada, ya sé donde estoy, hace tiempo que aprendí a encontrar solo mi camino, es sólo cuestión de tiempo. Por eso a veces me permito el lujo de perderme, de imaginarme como sería mi vida en otras situaciones, es cierto que a veces esa imaginación se convierte en deseo y es entonces cuando tengo que luchar por saber realmente lo que quiero y a quien quiero. La echo de menos, echo de menos lo poco que he vivido con ella, he querido hacer de esos pequeños lapsos de tiempo algo eterno, pero aún tengo que aprender a encontrar mi equilibrio, a frenar a tiempo para no cruzar la línea del arrepentimiento, esa es ahora mi batalla, haber deseado algo más, haber comprendido que no podía llegar y tener ahora que recordarlo.

A- Siempre vivimos situaciones especiales pero no las conviertas en tu campo de batalla, realmente siempre queremos más de esas situaciones, queremos que no acaben los momentos que nos hacen sentirnos bien, ya sabes que la eternidad es un instante y tú has vivido ahora más que nunca eso en tus propias carnes, es curioso lo fuerte que nos puede atrapar una persona aún estando muy poco con ella, son esos tiempos esporádicos pero intensos los que se graban con fuego en nuestra mente, no creo que haya nada malo en ello siempre y cuando sepas que no hay nada malo en ello.

B- Lo malo que hay en ello es simplemente el uso que yo hago de esos recuerdos, paso de querer a una persona a sentir rencor hacia la misma, porque tan pronto recuerdo situaciones agradables con ella como luego me imagino otras en las que no me dio lo que yo esperaba o en las que creo que me merecía algo más de lo que recibí. Esta experiencia me está enseñando qué nivel de egoísmo puede llegar a habitar en mí, cuanto de egoísta puedo llegar a ser a la hora de recordar, sé que todo lo que recuerdo está solamente en mi imaginación puesto que la otra persona tendrá otros recuerdos, tendrá otros momentos grabados en su mente diferentes a los míos, pero este grado de egoísmo llega incluso a querer que la otra persona tenga mis propios recuerdos, llega incluso a querer que la otra persona viva mi vida conmigo, que deje todo lo que hasta ahora estaba viviendo para continuar haciéndolo conmigo. Esta experiencia me está enseñando que cuando recordamos no hacemos más que revivir trozos de partes completas de ciertos momentos, y que al recordar a una persona y recordar lo que nos dio, lo que no nos dio, lo que hizo, como actuó, etc... sólo estamos imaginando las impresiones que quedaron grabadas en nosotros en aquel momento, sin pararnos a analizar todo lo que hay detrás, lo que sentía la persona en ese instante, lo que hizo que dijera tal cosa, si era eso lo que quería decir, lo que quería hacer... basta con observarnos a nosotros mismos cuando actuamos delante de los demás, los recuerdos que tengan de nosotros muy pocas veces se asemejarán realmente a la realidad ya que la mayoría de los recuerdos están basados sobre hechos externos, sobre frases, sobre reacciones y la mayoría de las veces todo esto es contrario a lo que realmente se siente. Por lo que se ve, también tengo que aprender a echarte de menos, a recordarte con una media sonrisa en los labios, a estar agradecido por haber vivido todo lo que he vivido contigo, a estar seguro de que en todo momento lo único que quería era que estuvieras bien, que lo pasaras bien, tal vez lo quise demasiado y este deseo es el que ahora se hinca en mis recuerdos. Aún tengo que aprender a echarte de menos y labrar dentro de mí el recuerdo que quiero tener de ti.

A- Parece que te ha calado hondo la experiencia que has tenido en unos pocos días, espero que vivas con la misma intensidad los hechos venideros, y si esto te ha servido para aprender a recordar mejor y para aprender a echar de menos a las personas, supongo que ya es hora de que tires por la borda ese sentimiento de incomodidad y de aprisionamiento de los que te has rodeado cuando esa persona estaba ausente. Y ahora que vas a tardar mucho en volver a verla espero que cada día seas algo mejor para que la próxima vez que os veáis os deis y os dejéis unos buenos y auténticos recuerdos.

B- Veo que sigues siendo un auténtico experto en esto de rematar los finales, el único que puede curar esta incomodidad que siento es el tiempo; el paso de las horas es el mejor calmante.

A- No lo es sino aprendes nada de ello, también uno puede acostumbrarse a sufrir, a encontrar placer en el hecho de sufrir. El echar de menos a alguien también puede convertirse en un vicio, de ahí nacen la mayoría de las obsesiones que sentimos sobre alguien, el paso de las horas puede tranquilizarte o inquietarte más, has de aprender a ordenar todo lo que sientes; aunque parece mentira que te sientas mal por lo que has vivido, ¿crees que la otra persona se merece quedarse así en tus recuerdos?

B- Tienes razón, aún tengo que superar todo el egoísmo que tengo en mí, pero no te preocupes, las buenas conversaciones son las mejores amigas de las recuperaciones, al final solamente ha sido un tumulto de emociones que casi se me desbordan y desahogarse sobre lo que te ahoga siempre es bueno. Lo vivido, vivido está y ahora hay que seguir para adelante, hay que apoyarse en los recuerdos cuando uno los necesite y cuando nos sintamos mal por recordar a una persona y la echemos de menos, no debemos cerrar ese pensamiento sin la mejor imagen que tengamos de la misma; ésa ha de ser la imagen que nos ha de acompañar hasta la próxima vez que nos encontremos.