Cuando uno escribe sobre algo lo único que está haciendo es diferenciar ese algo de todo lo demás; se elige un tema, una idea, una cuestión, un sentimiento, una percepción, y se lo dota de forma, de estilo, de intensidad, o lo que es lo mismo; se deja en ese escrito una marca de nuestra forma de ser, de nuestro estilo de comunicar, de nuestra intensidad verbal. Cuando leemos un escrito no estamos haciendo otra cosa más que leer algo que ha preocupado al escritor, o al menos así debiera ser, ya que en desarrollar lo que nos quiere decir es en lo que se ha ocupado, y todo lo que ocupa (sobre todo si va enfocado a un tercero) acaba por preocupar. Entonces llega la gran pregunta, la gran interrogación cuyo punto negro no para de presionar la cabeza del creador de líneas, goteándole sin descanso e impacientándole con un... "¿Sobre qué escribo?" Y cuando esa interrogación se convierte en una exclamación: "¡sobre esto!", llega la elección.

Entonces no importa nada más, no importa nada más pero el escritor quiere que importe lo que él escribe, y por lo tanto tiene que seguir eligiendo: cómo lo expreso, con qué tono, cómo lo plasmo, con qué palabras, cómo lo cuadro, en definitiva, de qué forma digo lo que quiero decir; y así todo el escrito no se convierte más que en un cúmulo de elecciones. Según se van desarrollando van siendo más decisivas: esto se podría retocar, esto quedaría mejor así, se podría cambiar una frase para que se asocie mejor con la siguiente, dejo por ahora entrever algo para más tarde descifrarlo, etc... Puede que la idea original no se parezca en nada a la que ahora se está formando, con la elección también deseleccionamos, y el escritor va puliendo así algo que cree especial sobre todo lo demás. Entonces llega la hora de contemplar la obra creada, se haya dicho lo que se haya dicho está claro que una parte de lo expuesto es una parte del escritor, porque... qué hace éste sino describirse a sí mismo cuando escribe: sus inquietudes, sus deseos, su fortaleza y sus limitaciones, su cultura y su incultura, todo esto queda plasmado como si fuera una imagen en negativo en su escrito, detrás de él, sin percibirse a primera vista, pero moldeando y definiendo su forma.

También es cierto que muchas veces, el tema en cuestión no es más que una excusa, una tapadera, una salida trasera; se siente la necesidad de comunicar, se siente el deseo de explicar con palabras lo que hasta ahora ha sido una vivencia, una experiencia, y aunque parezca contradictorio, solamente en estos casos el autor es quien no elige, se siente abordado, se siente urgido a satisfacer esa necesidad, la necesidad de exteriorizar; ahí el autor no es más que un medio siendo esta ultima, el impulso. Y ya se puede ir el autor por donde quiera, que si tiene que escribir sobre algo y como sea lo acabará haciendo; así en estos casos es el tema quien lo elige a él, es, la elección inversa.