Sólo se trata de crear un lugar,

al que poder acudir para respirar,

donde poder sumergirte en un océano de letras,

y contemplar lo que has sido, lo que eres y lo que serás,

vaciarte durante un momento de todo lo vivido,

plasmarlo y darle forma para que tenga sentido,

buscar en lo más profundo de tu interior,

verdades y mentiras que se mezclan,

que se confunden y se tapan unas con otras,

hasta el punto tardío de darte cuenta,

que impulsos y costumbres son los que te controlan.

 

Adentrarte en ti para descubrir tu yo,

para romper barreras y crear otras nuevas,

separando lo real de lo inventado,

lo original de lo puesto de antemano,

transformando ese caos que en ti habita,

equilibrando los diarios altibajos,

poniendo palabras a todo aquello que nos limita,

dejando atrás lo que el tiempo se lleva,

sin que nadie ni nada se lo impida.

 

Comprobar que lo más difícil no es escribir,

sino actuar de acorde con lo escrito,

hacer lo primero cuando lo segundo haya sucedido,

exteriorizar lo que en el papel has puesto con tanto mimo,

no sirve de nada ensalzarte y vanagloriarte de algo,

si los folios y tu cuarto son los únicos testigos.

 

Empezar por donde hay que empezar, por el inicio,

recordando, analizando, reviviendo,

los pasos que te han llevado a este punto exacto,

donde despiertas anhelos y pensamientos dormidos,

donde tu ser se ha puesto en frente tuyo,

y te ha dicho que ya no valen más caminos falsos,

más atajos que siempre hacen que llegues con retraso,

más excusas que te dejan al desamparo.

 

Sólo vale aquello por lo que más has luchado,

no lo dejes nunca y aprende a respetarlo,

yo quiero saber lo que es digno de verdad,

lo que vale la pena y lo que no te tiene ni que molestar,

por eso hoy, me lo voy a empezar a contar.

 

Alfredo Cuervo Barrero ©