Pienso que no hay que tomarse tan a la ligera ni expresar de una forma tan gratuita como muchas veces se expresa la frase de "tienes que ponerte en el lugar del otro", la facultad de salir de uno mismo y de comprender o sentir lo que los demás comprenden y sienten es una tarea que requiere mucho tacto, mucha higiene interior, mucha sinceridad con uno mismo, llevarla a cabo de una buena forma no solamente requiere el que nos conozcamos lo suficiente y hayamos pasado por cierto tipo de experiencias sino que también nos obliga a conocer de una manera más honda a la otra parte si lo que queremos es ayudarla y ayudarnos realmente. Se suele creer que cuando más usamos nuestra empatía con los demás es cuando éstos necesitan de nuestra ayuda, de hecho parece que la palabra está creada exclusivamente para usarla en los momentos en los que nos identificamos con los demás a la hora de  intentar solucionarles algún problema, cuando nos involucramos en algún tipo de conflicto personal o laboral con ellos o cuando intentamos comprender el porqué de ciertas respuestas ante ciertas situaciones angustiosas.

Tengo la sensación de que cuando me "pongo en el lugar del otro" en todos estos casos, cuando me pongo a escuchar y a empezar a interiorizar lo que me dicen para intentar encontrar la mejor respuesta, o hallar el argumento más completo que pueda dar solución al problema que me plantean y pienso para mí mismo "tienes que ponerte en su lugar para averiguarlo", en el fondo lo único que hago es pensar en lo que yo haría si estuviera en la situación que  la otra persona me narra, cuál sería mi respuesta o mi actitud si me ocurriera lo que la otra persona  me está diciendo que le está ocurriendo o que le ha ocurrido. La mayoría de las veces lo que sale de mi boca no son más que las conclusiones a las que he llegado después de ese repaso interior, conclusiones que quedan muy lejos de su cometido ya que no son más que el reflejo de la labor de haberme puesto en mi lugar pero con las situaciones de otro.

El primer error que pienso que podemos cometer a la hora de usar esta famosa expresión es imaginarnos que lo que nosotros hemos vivido y las respuestas que hemos dado  y nos han servido en nuestra vida van a tener la misma validez y ofrecer el mismo resultado en la vida de los demás. Para poder ayudar a alguien y ponerse en su lugar (si es que esto se puede hacer realmente) hace falta mucho tiempo, mucho contacto, mucho limpiar lo inservible y dejar solamente lo aprovechable, mucho esfuerzo mutuo, mucho saber dar y saber recibir, y todo esto por supuesto del lado de ambas partes, quiero decir, no me sirve de nada ponerme en el lugar del otro si el otro no tiene la menor intención de saber cuál es su lugar y al otro no le sirve de nada lo que yo le digo si yo no sé cuál es el mío, en forma axiomática podríamos resumirlo como: uno nunca podrá ponerse en el lugar del otro sino sabe primero en qué lugar está él mismo. Si me parara a pensar un poco en todo esto antes de estar seguro de que lo que voy a decir va a ser útil a la otra persona por el simple hecho de haberla escuchado  durante diez minutos y haber abierto mis oídos y mi atención a ella quedándome solamente en eso, antes de estar seguro de que simplemente con escucharla me va a bastar para que mis argumentos se doten de las palabras necesarias para encontrar la solución al problema que me plantea, dejaría para un poco más tarde eso de "hay que ponerse en el lugar del otro" para  primero dedicar mi tiempo a saber quién es el otro y averiguar en qué lugar está, para una vez descubierto esto ver si puedo (quiero) o no puedo (quiero)  ponerme en su lugar.