Eran las cinco de la mañana cuando ya quedaban pocos minutos para que llegases a este mundo, tu madre y yo llevábamos unas seis horas en el hospital esperando ya impacientes que se acelerasen las contracciones para verte nacer; me veo sentado en un banco al lado de tus abuelos maternos, nos damos ánimos, la enfermera entra y sale ya cada poco tiempo de la habitación, se acerca el momento. Por la puerta entreabierta veo como llevan a la camilla, a tu madre y a ti a una sala continua, escucho como una de las enfermeras dice que vaya entrando el padre, que va a ser rápido, abro la puerta y me siento en una silla pero acto seguido escucho gritar a la matrona ¡que venga el padre, que se lo pierde! Entro en la sala continua y veo a tu madre empujando a las órdenes de la matrona, me acerco a ella y le cojo la mano, me la aprieta fuerte mientras sigue el compás de las contracciones, se van acelerando a la par que tu madre va empujando con fuerza, no hace falta repetir mucho más la operación, veo a la matrona que junta sus manos con la intención de agarrarte, le dice a tu madre que empuje con fuerza una última vez mientras va echando los brazos hacia atrás y un pequeño cuerpo empieza a aparecer, todo pasa muy rápido, de repente ahí estás delante nuestro, la matrona pinza el cordón umbilical y lo corta, coge tu pequeño cuerpo y lo voltea, acto seguido empiezas a llorar, un llanto como nunca antes había escuchado en vivo, tu pulmones hacen su primera aparición pero aún no están acostumbrados a inhalar y a exhalar aire de seguido, te entrecortas, quieres gritar de seguido pero te sale un llanto atragantado, muy agudo que retumba por toda la habitación. 

 

Tu madre y yo nos miramos, la matrona te acerca y te pone junto al pecho de tu madre, al lado de su corazón, sigues llorando, la matrona te coloca una toalla encima y un gorrito en la cabeza para que no pierdas calor, tu madre pone su mano en tu espalda que la ocupa entera y poco a poco te vas calmando, respirando más pausadamente aunque con pequeños atragantos, me agacho para verte de cerca, me acerco a tus ojos, aún sin un color definido el gris predomina en tu iris, sé que no puedes verme, pero me quedo un rato mirándote a los ojos, una ligera sonrisa aparece en mi boca, me quedo mirándote tu nariz, tus pequeños labios, bajo hacia abajo y una manita se asoma por el lado de la toalla, apoyo mi dedo índice en ella, me llama la atención tu dedos largos y tus uñas ya formadas y largas, tapo tu mano con el pulgar y te acaricio, vuelvo la mirada a tus ojos ya limpios de lágrimas, nos quedamos un rato los dos clavados el uno en el otro, transmites mucha paz, ahora el que comienza a llorar soy yo, el corazón me palpita incontrolado desde hace un buen rato, pero poco a poco también se calma, la matrona nos deja a solas contigo un rato en la habitación, tu madre y yo te abrazamos, una nueva aventura ha comenzado para nosotros, realmente hoy ha habido tres nacimientos, tú como hijo y nosotros como padres.