Después de pesarte, medirte y acicalarte la enfermera te ha traído de vuelta a la habitación, vienes dormido, te miro y me hace gracia la posición que tienes, estás boca arriba con los brazos extendidos también hacia arriba y las manos contraídas y cerradas del todo, las piernas las tienes en forma de ancas de rana, esta posición va a ser tu predilecta a la hora de dormir durante muchos meses, con el paso del tiempo las piernas las irás estirando, pero lo de dormir con los brazos tumbados hacia arriba te va a durar bastante, siempre sonrío cuando te veo en esa posición. 

Me fijo y tienes los ojos untados en pomada, me dice el médico que es una pomada profiláctica para prevenir posibles infecciones en los mismos, como la conjuntivitis, la pomada no te la dan nada más nacer, han esperado un rato a ponértela, primero han preferido que hayas tenido un contacto total de nosotros, no sólo al ponerte piel con piel sobre el pecho de tu madre y acariciarte para que sintieras nuestro tacto y hablarte para que escucharas nuestra voz, también aunque sólo veas formas difuminadas para que vislumbraras por primera vez las caras borrosas de tus padres, por eso nos dejan pasar un rato contigo nada más nacer, para que tus cinco sentidos vayan despertando junto a nosotros.

 Al cabo de unas horas te despiertas, entreabres los ojos, tu pequeña lengua asoma por tu boca, tu madre te coge y te acaricia la cara, se dispone a darte por primera vez de mamar, se pone de lado y te acerca a su pecho, me fijo en ella, está nerviosa, le tiemblan las manos y unas gotas de sudor le asoman por la frente, qué emoción tan intensa debe de estar sintiendo, yo ahora mismo soy un mero espectador, quiero que este momento sea tuyo y de tu madre, simplemente me siento y contemplo la escena. Al principio te cuesta un poco encontrar el pezón, vas tanteando, tu nariz toca la aureola varias veces, sacudes la cabeza hacia delante y hacia atrás, unas gotas de leche empiezan a aparecer, de repente como si la olieses encaminas mejor tu boca y das con el pezón, te pegas a él y empiezas a succionar, sacudes de nuevo la cabeza hacia atrás y lo pierdes, de nuevo empiezas a tantear y golpeas nuevamente la aureola de tu madre con tu nariz, tu madre sonríe, te coge la cabeza y se posiciona poniéndote delante de tu boca el pezón, esta vez aguantas más y así nos quedamos los dos mirándote absortos como mamas por primera vez. 

Al cabo de un rato te vuelves a quedar dormido, cuando te despiertas miro - como así es - si has echado el meconio, ya que el médico nos advirtió que es mejor limpiarlo cuanto antes ya que si se endurece cuesta bastante limpiarlo y te puede provocar daño; el meconio, una palabra que no había oído en mi vida de repente toma importancia para mí. Te quito el pañal y una sustancia de color oscuro hace acto de presencia, es bastante densa, todo lo que has ido tragando en el líquido amniótico está ahí: el propio líquido, moco, bilis, células que se han desprendido de tu piel, secreciones de tu estómago e hígado… es tu primera defecación, te limpio y te seco con cuidado, este acto que tantas y tantas veces voy a repetir durante meses se ha iniciado. Te colocamos de nuevo en la cuna y te quedas dormido, tu madre y yo nos quedamos mirándote, algo que nunca me canso de hacer aunque vayan pasando los años.