Si el azar o la voluntad son las encargadas de unir dos vidas hasta entonces desconocidas, está claro que son la perseverancia y el deseo los encargados de mantener unidos dos mundos que, o bien se complementan, o bien encuentran en su contacto puntos de interés que acrecientan la vitalidad y la fuerza de los mismos; esto mientras haya contacto, pero... qué ocurre cuando por causas ajenas a la voluntad de los dos mundos la unión de ambos se va alejando, cuando poco a poco desaparece la asiduidad e irremediablemente, la fuerza por querer mantener unidos dos caminos encaminados a su separación mengua. ¿También ha de desaparecer tarde o temprano lo que esa unión ha significado hasta entonces? ¿También hay que alejarse mentalmente con el paso del tiempo de ese significado? Sería sencillo responder a estas preguntas con un rotundo: "¡claro que no!, si el que decide el proceso y el alcance de una relación eres tú", pero cómo... Si el querer a alguien es algo recíproco y la manutención de ese querer se basa en esa reciprocidad, cómo se puede seguir queriendo a una persona cuando ésta ya no existe, de qué me vale el querer sentir algo sino tengo enfrente al receptor con el cual quiero compartir ese sentimiento; esto es lo que a priori me viene a la cabeza cuando pìenso cosas así; hasta que de pronto otra pregunta me asalta, me desvela y me recrimina... ¿Pero tú ya estás seguro de saber lo que es querer?

El primer pensamiento acerca de esta duda me lo dio de golpe cierta persona cuando en cierta conversación ante su pregunta de por dónde iba a ir encaminada nuestra relación, se reafirmó ella misma diciéndome: "pero es que yo quiero quererte", a parte de los cincos segundos que me quedé sin poder contestar a esta decisiva afirmación, de nuevo una pregunta inquietante como un calambre me impidió seguir con normalidad el resto de la conversación, porque...¿Existe algo más fuerte en este mundo que el querer querer? En algunos instantes desde entonces esa pregunta (y esa persona) aparecen  de nuevo en mí y aunque a ella no la he vuelto a ver físicamente, su frase se ha quedado asociada en mi mente para siempre con su imagen, y ante la intriga de si para querer a alguien hace falta un contacto continuo, unas respuestas continuas, una reciprocidad continua, de nuevo aparecen esas palabras para darme un baquetazo en la nuca y reprocharme: "¿Todavía no sabes que existe otra forma, la forma en la que querer no es una condición sino una disposición?" Pregunta ante la cual me vuelvo a callar y rememoro a todas las personas que he olvidado querer... por el simple hecho de que ya no están junto a mí.