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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2009.

EL INICIO II

 

Sólo se trata de ser  partícipe de lo vivido,

resguardarse de lo ajeno y realizar lo prometido,

haber madurado y haber crecido con lo dicho,

entre la marabunta y trajines del día a día,

obligaciones, urgencias y demás premisas,

haber encontrado un resquicio de autonomía.

Tener presente el cuidado y la fragilidad del pasado,

sabiendo esperar y actuar cuando sea necesario,

haberse convertido en un movimiento originario,

lleno de luz, fuerza y momentos álgidos.

 

Entregar lo adquirido tras una corriente discontinua,

de períodos remansos y etapas productivas,

exigiendo a mi mente no caer en la azarosa apatía,

aquella que suplanta la creatividad e inventiva,

la que multiplica la más contagiosa de las monotonías.

 

Desgarrar las entrañas de las virtudes y los vicios,

reconociendo como propio lo que en otros he visto,

ojos ávidos en captar caracteres y fundamentos,

que no se confundan, lo que ven es lo que ya llevan dentro.

Y entretener instruyendo amenizando lo complicado,

dotar de forma a lo que en un principio resulta extraño,

comprender reacciones y humanizar lo canonizado,

servir de bálsamo para quien hace de su camino algo pesado.

Y entrelazar todo esto con intrigas y expectativas,

crear inicios allí donde sólo debieran quedar fatigas,

trasladar lo inamovible y fijar alternativas,

convertir el nunca en una realidad más que ficticia.

 

Porque tan sólo se trata de no confundir a mi presencia,

asegurar las conductas y blindar mis defensas,

elegir un lugar de recogida al final de cada jornada,

reflejar en mi gente el fruto de la práctica cosechada.

 

Alternar el regazo público con la exigencia privada,

de no quedarme a esperar siempre recompensas regaladas,

de guardar como un tesoro lo que dejo tras mi espalda,

de comenzar siempre de nuevo tras el final de cada etapa.

 

Alfredo Cuervo Barrero ©

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SOBRE LA OTRA FORMA DE QUERER

Si el azar o la voluntad son las encargadas de unir dos vidas hasta entonces desconocidas, está claro que son la perseverancia y el deseo los encargados de mantener unidos dos mundos que, o bien se complementan, o bien encuentran en su contacto puntos de interés que acrecientan la vitalidad y la fuerza de los mismos; esto mientras haya contacto, pero... qué ocurre cuando por causas ajenas a la voluntad de los dos mundos la unión de ambos se va alejando, cuando poco a poco desaparece la asiduidad e irremediablemente, la fuerza por querer mantener unidos dos caminos encaminados a su separación mengua. ¿También ha de desaparecer tarde o temprano lo que esa unión ha significado hasta entonces? ¿También hay que alejarse mentalmente con el paso del tiempo de ese significado? Sería sencillo responder a estas preguntas con un rotundo: "¡claro que no!, si el que decide el proceso y el alcance de una relación eres tú", pero cómo... Si el querer a alguien es algo recíproco y la manutención de ese querer se basa en esa reciprocidad, cómo se puede seguir queriendo a una persona cuando ésta ya no existe, de qué me vale el querer sentir algo sino tengo enfrente al receptor con el cual quiero compartir ese sentimiento; esto es lo que a priori me viene a la cabeza cuando pìenso cosas así; hasta que de pronto otra pregunta me asalta, me desvela y me recrimina... ¿Pero tú ya estás seguro de saber lo que es querer?

El primer pensamiento acerca de esta duda me lo dio de golpe cierta persona cuando en cierta conversación ante su pregunta de por dónde iba a ir encaminada nuestra relación, se reafirmó ella misma diciéndome: "pero es que yo quiero quererte", a parte de los cincos segundos que me quedé sin poder contestar a esta decisiva afirmación, de nuevo una pregunta inquietante como un calambre me impidió seguir con normalidad el resto de la conversación, porque...¿Existe algo más fuerte en este mundo que el querer querer? En algunos instantes desde entonces esa pregunta (y esa persona) aparecen  de nuevo en mí y aunque a ella no la he vuelto a ver físicamente, su frase se ha quedado asociada en mi mente para siempre con su imagen, y ante la intriga de si para querer a alguien hace falta un contacto continuo, unas respuestas continuas, una reciprocidad continua, de nuevo aparecen esas palabras para darme un baquetazo en la nuca y reprocharme: "¿Todavía no sabes que existe otra forma, la forma en la que querer no es una condición sino una disposición?" Pregunta ante la cual me vuelvo a callar y rememoro a todas las personas que he olvidado querer... por el simple hecho de que ya no están junto a mí.   

 


AFORISMOS

 

226. Llegada a cierta edad tenemos que saber elegir nuestras opiniones, sino queremos que éstas sean meros troncos navegando a la deriva por las olas de la "comunicación global".

227. Sino ayudas a que la otra persona aprenda a ayudarse por sí misma tu ayuda no servirá para nada.

228. La falta de disfrute en la vida personal está vinculada directamente a la necesidad de disfrute en la vida pública.

229. No despilfarres las palabras ya que con cada palabra con la que te expresas pierdes una parte de ti, ésa que precisamente quieres ganar.

230. Estáte más agradecido con quien te insinúe las preguntas más prácticas que con quien te ofrezca las respuestas más valiosas.

231. El no hablar de ciertos aspectos de la vida humana puede parecer a veces una muestra de ignorancia, aunque más bien la mayoría de esas veces debería ser una muestra de la lograda superación personal.

232. Juzgar lo que otros han hecho consiste simplemente en delatar lo que tú no te atreves a hacer.

233. Las únicas opiniones que se han de tener en cuenta son aquellas que constatan el resultado de una experiencia; así, para tener una opinión sobre la música, se debería haber hecho por lo menos alguna vez una canción, para opinar sobre un libro se debería haber rellenado alguna vez por lo menos una hoja en blanco, para tener una opinión acerca del amor se debería haber perdido alguna vez a alguien querido; desafortunadamente la mayoría de las opiniones constatan más una ausencia que una experiencia.

234. Dejemos a los que prefieren tomar cafés a solas consigo mismos mientras no nos molesten a los que preferimos degustar el agua fresca de las fuentes, para paladear así sin distorsiones la variedad de sabores de la vida.

235. Hay personas que se cuidan mucho de lograr, no sólo que te guardes una imagen continua de ellas cuando están junto a ti, sino también cuando éstas están en ausencia de ti. Suelen ser personas muy gesteras, que acompañan su discurso con risas estrambóticas y repiten por partida doble (o triple) sus pensamientos; quieren con ello no sólo estatizarse en tus oídos sino también en tus ojos, con la intención de que el momento que están viviendo sea su momento (ya que en todo momento quieren tener sus momentos). No soportan el silencio y usan a las compañías como medios para liberarse de sus preocupaciones, suelen ser personas "monotemas" que no escuchan lo que se les dice, sino que esperan a que el interlocutor acabe para simplemente poder decir algo ellas de nuevo. Lo que prima en un primer lugar con este tipo de gente es el físico, su físico, para después pasar a hacernos escuchar sus cotidianas vidas. Cuando están con alguien con quien tienen una conversación suelen vivir en el pasado, no crean circunstancias nuevas sino que se conforman con relatar las ya acontecidas; en definitiva, hay personas que viven para no dejar vivir.

236. Cuando coincidimos o aparece en nuestra mente la idea de que alguien es más inteligente que nosotros y esta idea nos impide resolver el problema que se nos plantea, no debemos perder de vista que lo que importa en ese instante es crearnos la capacidad para; no sólo darnos cuenta de que la experiencia de encontrarnos con ese problema, es la que nos va a permitir resolver en un futuro próximo (si no somos capaces de hacerlo en ese instante) problemas similares, sino la de ir abandonando poco a poco la costumbre de imaginarnos lo que el otro es capaz de hacer,  para centrarnos en recordar situaciones parecidas que hayamos tenido, las cuales nos ayuden a resolver dicho problema; la inteligencia no consiste más que en tener la facultad de hacer buen uso de las  experiencias que nos ocurren.

237. Puede ser que de vez en cuando un aviso inesperado, una imagen sinuosa, una cara parecida, te hagan volver a abrir puertas que ya creías cerradas, a volver a lugares que ya creías abandonados, a oír voces que ya creías silenciadas; es el regreso de situaciones, ambientes, personas que creías que nunca más iban a regresar a ti, pero que la casualidad ha hecho que de nuevo aparezcan en frente tuyo. Suelen aparecer entonces emociones que en su día quedaron ocultas, pensamientos que no se expresaron, palabras que no se dijeron, acciones que no se llevaron a cabo, aprovecha ese momento; es la segunda oportunidad que tanto estabas esperando.

238. Las personas fuertes siempre sueltan alguna ingeniosidad en medio de las desgracias.

239. Una mala voluntad poco puede hacer si de por sí no es acompañada por el tumulto de otras malas voluntades, por lo tanto: cuando juzgamos a una persona tenemos que tener cuidado de no ser simples en nuestro juicio, y tener en cuenta que la acción a la que juzgamos, es el resultado de la combinación de muchas otras acciones que la siguen  por detrás.

240. Vuelvo a leer escritos que salieron de mi mano hace años y sigo opinando lo mismo que lo que ahí está escrito... ¿Plasmé en su día buenas ideas o es que mi vida no ha cambiado nada desde entonces?

241. Lo único que hace verdaderamente el escritor cuando escribe es formarse a sí mismo.

242. Las dos formas de participar en la vida: hacerlo desde dentro o desde afuera de ella.

243. El que mucha gente hable de lo que uno ha hecho no quiere decir absolutamente nada; sólo significa que has hecho algo que los demás pueden explicar.

244. Por vez primera me estoy enfrentando a mi obra y de momento va ganando ella, porque... ¿Soy yo quien hace el libro o es el libro quien me hace a mí?

 

 

 

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SOBRE LA ELECCIÓN AL ESCRIBIR

Cuando uno escribe sobre algo lo único que está haciendo es diferenciar ese algo de todo lo demás; se elige un tema, una idea, una cuestión, un sentimiento, una percepción, y se lo dota de forma, de estilo, de intensidad, o lo que es lo mismo; se deja en ese escrito una marca de nuestra forma de ser, de nuestro estilo de comunicar, de nuestra intensidad verbal. Cuando leemos un escrito no estamos haciendo otra cosa más que leer algo que ha preocupado al escritor, o al menos así debiera ser, ya que en desarrollar lo que nos quiere decir es en lo que se ha ocupado, y todo lo que ocupa (sobre todo si va enfocado a un tercero) acaba por preocupar. Entonces llega la gran pregunta, la gran interrogación cuyo punto negro no para de presionar la cabeza del creador de líneas, goteándole sin descanso e impacientándole con un... "¿Sobre qué escribo?" Y cuando esa interrogación se convierte en una exclamación: "¡sobre esto!", llega la elección.

Entonces no importa nada más, no importa nada más pero el escritor quiere que importe lo que él escribe, y por lo tanto tiene que seguir eligiendo: cómo lo expreso, con qué tono, cómo lo plasmo, con qué palabras, cómo lo cuadro, en definitiva, de qué forma digo lo que quiero decir; y así todo el escrito no se convierte más que en un cúmulo de elecciones. Según se van desarrollando van siendo más decisivas: esto se podría retocar, esto quedaría mejor así, se podría cambiar una frase para que se asocie mejor con la siguiente, dejo por ahora entrever algo para más tarde descifrarlo, etc... Puede que la idea original no se parezca en nada a la que ahora se está formando, con la elección también deseleccionamos, y el escritor va puliendo así algo que cree especial sobre todo lo demás. Entonces llega la hora de contemplar la obra creada, se haya dicho lo que se haya dicho está claro que una parte de lo expuesto es una parte del escritor, porque... qué hace éste sino describirse a sí mismo cuando escribe: sus inquietudes, sus deseos, su fortaleza y sus limitaciones, su cultura y su incultura, todo esto queda plasmado como si fuera una imagen en negativo en su escrito, detrás de él, sin percibirse a primera vista, pero moldeando y definiendo su forma.

También es cierto que muchas veces, el tema en cuestión no es más que una excusa, una tapadera, una salida trasera; se siente la necesidad de comunicar, se siente el deseo de explicar con palabras lo que hasta ahora ha sido una vivencia, una experiencia, y aunque parezca contradictorio, solamente en estos casos el autor es quien no elige, se siente abordado, se siente urgido a satisfacer esa necesidad, la necesidad de exteriorizar; ahí el autor no es más que un medio siendo esta ultima, el impulso. Y ya se puede ir el autor por donde quiera, que si tiene que escribir sobre algo y como sea lo acabará haciendo; así en estos casos es el tema quien lo elige a él, es, la elección inversa.

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