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APRENDIENDO A QUERERTE (BORRADOR)

Qué quiero de ti, quiero tu cariño, quiero tu admiración, quiero tu cuerpo, quiero tu vida, todo posesión; tú no eres un objeto, una cosa que pertenece a alguien, una muñeca que se deja llevar por los hilos de quien no sabe. Sólo pedimos, sólo somos egoísmo. Yo no quiero pedirte, quiero que me des lo crees que necesite, tú me das tu cariño, tú me das tu admiración, tú me das tu cuerpo, no los poseo, no son míos, sólo me los prestas, sólo los tengo porque tú me los dejas. Sólo sales momentáneamente de ti para entrar en mí. Yo no puedo exigirte nada, no me debes nada, no estás obligada a darme nada, tú me has elegido, yo te he elegido, no tenemos que darnos ninguna explicación, sólo convivimos, sólo me prestas tu felicidad, no te la arrebato, no te la doy, es tuya, tú la posees, no se la debes a nadie, no se la quitas a nadie, es tu libertad, es tu liberación, comprender que el mundo es mucho más que tú y yo. Lo comprendemos y nos lo mostramos, nos hacemos grandes, crecemos, no nos encerramos, no nos atamos, no nos ponemos uno en frente del otro sino al lado.

Qué espero de ti, un futuro seguro, siempre contigo, sin ninguna discusión, todo bonito, qué esperanzador. ¿Queremos engañarnos?, quién sabe lo que pasará mañana, quién sabe cómo acabará el camino si es que alguna vez acaba, pero a quién le importa, no hay mañana, sólo nuestras vidas que hoy se mezclan, se destapan. Te quiero ver tal y como eres, cómo sientes, cómo te comprendes, cómo reaccionas ante lo que te puede, y así aprendo de ti, aprendo de tu forma de ser, de lo que día a día transformas y dejas ver. Y así cada día es único, cada día eres única, porque todo es nuevo, porque todo vuelve a empezar, cómo me puedo cansar, cómo puedo decir que ya te conozco, que ya no tienes nada que mostrarme, nada que enseñarme, sólo nos quedamos en lo superficial, en lo que nos hace sentirnos mal, y si aparece alguna contradicción, je, es que creí que no eras así, te inventé y ahora que te veo tal cual no te puedo reconocer. En vez, de descubrirte desde un principio, creé a una acompañante que me reía las gracias, que escuchaba mis desgracias, que hacía sentirme especial, que estaba ahí siempre que yo la necesitaba, que era para ella un pequeño ídolo al que adoraba. Pero no siempre eres feliz, no siempre estás predispuesta a hacerme reír, a darme tu aprecio, a comprenderme, a cederte; ahí se demuestra el verdadero amor, no en los momentos maravillosos, en que todo es hermoso, en los que dar no es ningún reto, en el que el aprecio sale solo...




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