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OH NO, SOLEDAD NO POR FAVOR.

Me encuentro agobiado por el hecho de estar solo,
el aburrimiento contagioso se apodera de mi,
en mi mente las imágenes no me paran de aturdir,
no puedo estar quieto, en calma, tranquilo,
la oscuridad me refleja lo que me niego a mi mismo.
Intento alejar cualquier concepto negativo,
olvidar los malos ratos y los chillidos,
a todo aquello que me hace sufrir sin motivo.

¿Pero quién dice que tengo que alejar y olvidar?,
cómo voy a comprender lo que me está ocurriendo,
si no me enfrento a los sentimientos que hacen sentirme mal,
si los distorsiono para no verlos como son en realidad,
no tienen más dolor que el que yo sufro por tenerles miedo,
por no saber escucharme y aprender de ello a tiempo.

¿Qué hago cuando me encuentro sin nadie?,
cuando el día no me depara más actividad,
que el placer de volver a encontrarme,
buscar rápidamente algo que me distraiga,
algo que me haga esquivar,
el cara a cara con las cosas que me ocurren,
con los momentos que evito que me dañen.

¿Te asusta la soledad?, no ves que eres tú mismo,
que no hay forma de vencerla porque no es tu enemigo,
cómo puedo negar lo que me hace ser mejor,
cómo me puede doler tanto el estar a solas conmigo,
creo cada vez más que es cuestión de egoísmo.

Dónde se encuentran esos recuerdos,
que merecen la pena ser recordados,
para qué vivo si luego no los uso,
si no acudo a ellos cuando los necesito.
Me pregunto que porqué estoy mal,
¿qué hago pensando en la gente que no tengo?,
¿qué hago imaginando cosas que no han ocurrido?,
¿qué hago teniendo miedos que no he sufrido?,
porqué no selecciono lo que me hace estar bien,
lo fácil es dejarse llevar por los lamentos,
creyendo que te dominan y que no hay forma de extinguirlos,
soy un desagradecido por no saber valorar lo vivido.

Oh no, soledad no por favor,
te temo porque no sé aprovecharte,
porque me muestras lo débil que soy,
cuando no tengo nada en lo que reflejarme.
Te evito porque tu presencia me hace mal,
aún no he aprendido a percibirme,
a dejar de una vez por todas de martirizarme.

Te ignoro porque desconozco tu utilidad,
hasta hoy te he estado usando al revés,
no eres la causa de mi tristeza,
eres la razón de mi lucha,
por empezar a crear una vida nueva.

Alfredo Cuervo Barrero ©





EL ÚLTIMO ADIÓS

 

Hay una despedida que siempre llega tardía,

aquella que no se da por el shock de la repentina partida,

aquella que hasta que no pasa el tiempo y la resignación,

el cuerpo y la mente no la asimilan.

 

Hay una despedida que uno no se atreve a lanzar,

que se lleva consigo lo más vulnerable,

que deja un rastro de ausencia difícil de soportar,

arrebata lo que hasta ahora nadie ha logrado arrebatar:

el apoyo materno y su afecto inquebrantable.

 

Hay una despedida llorada entre cristales,

apoyada entre hombros y en contactos familiares,

escondida entre gritos recriminando a un inexistente culpable,

esperando entre flores que colorean a la blanca carne,

a todos aquellos que hemos aprendido de golpe,

que su llegada tarde o temprano es lo único inevitable.

 

Es la impotencia llevada a su más cruel extremo,

es el vacío cargado de desolación y desaliento,  

es el camino no buscado ahora empeñado en encontrarte,

es el último adiós dirigido ya a ninguna parte.

 

Es una imagen grabada para siempre,

tras pasar de nuevo pálpitos y convulsiones,

aquella que un día te vio nacer de su vientre,

ahora cierra los ojos tras un cuerpo inerte,

tras una tela que tapa lo que no quieres creerte.

 

Porque es una despedida que nunca debiera ser dicha,

atragantada de furia y rabia comprimidas,

tartamudeada entre restos de humo y cenizas,

recordada a la larga como la más profunda herida,

aquella que ningún aliciente cura ni cicatriza.

 

Porque es un alto en el trayecto que cierra un ciclo,

la asiduidad se rompe de un choque y sin aviso,

nuevas fuerzas florecen despertando a lo dormido,

los finales definitivos dotan a uno de nuevos principios,

en ellos plasmas su educación y su espíritu,

en ellos se forja tu futuro firme y genuino,

en ellos honras al recuerdo de quien más te quiso.

 

 Alfredo Cuervo Barrero ©

 

 





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