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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2010.





CENTRO Y CONTORNO

 

Puede que cierto día sienta uno un cosquilleo,

una inquietud, una separación, un remordimiento,

un descuadre entre lo que se tiene adentro,

y lo que el exterior permite que mostremos.

 

Puede que cierto día se piense sólo en recuerdos,

se actúe sin tener en cuenta ya los deseos,

se camine con pies cansados en caminos ajenos,

se mire por mirar todo lo que va sucediendo.

 

Puede que cierto día uno no comprenda ya al silencio,

la soledad se trueque en agobios y en desaciertos,

la voz aturdida hable ya sin ningún nervio,

lo que somos se evapore por reflejarnos en múltiples espejos.

 

Puede que cierto día del instinto ya sólo quede mansos restos,

del orgullo ideales desgarrados por intentar tapar demasiados agujeros,

de la pasión un sueño vago entre noches llenas de desvelos,

de la fuerza simples palabras amoratadas por no parar de protegernos.

 

Puede que cierto día uno no deje ya de compararse,

de igualar esencias distintas y luego comprobar el desgaste,

de forzar las apariencias para ocultar lo que realmente se hace,

de estar sin estar para más tarde autoarrinconarse.

 

Puede que cierto día la parte sucumba al todo,

lo que antes era iniciativa ahora se vuelque en saco roto,

las relaciones se conviertan en excusas para no estar solos,

entre el tú y el yo el segundo sea el que muera poco a poco.

 

Y puede que cierto día uno se canse ya de todo esto,

contemple en la medida justa sus defectos y excesos,

interiorice que “el mal ajeno” es una consecuencia de ellos,

lo que me afecta del otro es el afecto que yo mismo me niego.

 

Y puede que cierto día uno aprenda a controlar sus sentimientos,

elija su estado de ánimo sin depender continuamente de terceros,

seleccione lugares, personas, situaciones, reglas del juego,

y aprenda a gritar sin vacilar: es aquí donde yo me quedo.

 

Y puede que cierto día uno no tema más al miedo,

lo que cuente de algo es el simple hecho de conseguir hacerlo,

lo que queda al final es la imagen de este último intento,

el contorno se estrecha a medida que uno expande el centro.

 

Alfredo Cuervo Barrero ©


APRENDIENDO A QUERER

 

Una vez superadas exaltaciones y ensoñaciones,

calmadas y aprendidas las pasiones de las primeras relaciones,

dejado atrás lo que no fue y guardándolo sin rencores,

gastadas las falsedades y maduradas las voluptuosidades.

 

Una vez asimilada y corregida la falta de experiencia,

encontrada en el día a día la ratificación ya sin ausencias,

de que el querer a alguien es la más definitiva de las pruebas,

al mostrarse ante el otro tal y como uno mismo se conserva,

al comprobar que lo que uno da es lo que al final uno se lleva.

 

Una vez diluidas entre fuentes de sinceridad las diferentes fantasías,

por querer hacer un proyecto real con y de nuestras vidas,

en el que uno sabe ofrecer cuando el otro más lo necesita,

en el que de lo que se trata es de no llenarse de sensaciones vacías,

de crear el propio camino sin dejar de lado las otras expectativas.

 

Una vez ganada y exigida la propia independencia,

respetadas las distancias cuando ésta nos lo sugiera,

abandonada la idea de que sino se comparten todas las vivencias,

acaba por marchitar lo que antes crecía por propia inercia,

más de un destino ha dejado a otro por exceso de absorbencia,

aprender a dejar tiempos muertos para renovar así viejas sorpresas.

 

Una vez recordada la evolución de las diferentes situaciones,

en las que la naturalidad vence a lo forzado sin limitaciones,

en las que uno más uno excede a lo que por separado se pretende,

en las que no hay más obstáculos que juzgar sin mirarse antes la frente,

que reaccionar a la primera devolviéndonos así disparidades ingentes.

 

Una vez rota la costumbre de rodearse siempre de escudos,

de querer tener siempre razón por no traicionar al orgullo,

de ceder al otro las deudas que no zanjamos en nuestro rumbo,

de negar la realidad cuando lo que sucede no es de nuestro gusto,

de ostentar con palabras los que debieran ser nuestros propios asuntos.

 

Una vez aclaradas las ideas en cada uno de estos puntos,

es cuando empieza el inicio del verdadero aprendizaje,

no dejar al azar lo que tenemos que poner de nuestra parte,

sólo hay un secreto y esto es lo que su interior contiene,

para aprender a querer hay que empezar por saber lo que uno quiere.

 

 Alfredo Cuervo Barrero ©

 

 




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